
Origen del Tarot
El gran oráculo de la vida

Adentrarse en el mundo del Tarot es sumergirse en una historia de misterio y de leyenda que nos transporta a través de las sendas de los gitanos, los auténticos divulgadores del Tarot por toda Europa, hasta los nebulosos tiempos en que su patria mágica, Egipto, había empezado a ocupar su merecido lugar en los libros de historia.
El origen del Tarot nos remonta unos 3.900 años atrás en el tiempo, hasta una época en la cual las famosas pirámides de Keops, Kefren y Mikerinos albergaban ya en el oscuro silencio de su interior numerosos vestigios de la más remota antigüedad.
Es el tiempo de Hermes Trismegisto, el tres veces grande, el legendario rey-dios del imperio del Nilo, a quien los egipcios llamaban Thot y representaban simbólicamente con cabeza de pájaro ibis y cuerpo humano. Cuenta la leyenda que Hermes fue instructor de Abraham, el gran patriarca bíblico, común a las tres grandes religiones monoteístas, la hebrea, la cristiana y la musulmana.
Hermes Trismegisto fue considerado dios de la sabiduría y creador de los jeroglíficos y de la palabra escrita, y a él se atribuye la autoría de grandes tratados de magia, alquimia y astrología, reunidos en el Libro de Thot, una de las joyas que el pavoroso incendio de la Biblioteca de Alejandría, en el siglo V de nuestra era, arrastró para siempre a las cenizas del olvido. Sólo pudieron salvarse unos pocos fragmentos, las 22 llaves o claves de Hermes, actualmente conocidas con el nombre de Arcanos Mayores.
La vinculación del Tarot con el Antiguo Egipto se extiende incluso al campo de la etimología, pues no son pocos los estudiosos que relacionan la palabra Tarot a los vocablos egipcios Ta, "camino, vida", y Ro o Ros, "real, divino".